ARQUITECTURA DEL PODER
- 23 mar
- 2 Min. de lectura

Por Libya Carrillo R.
MUJERES, TERRITORIO Y 2027: EL TABLERO QUE YA SE MUEVE EN PUEBLA
En política, los anuncios nunca llegan solos. Y cuando un partido decide abrir sus candidaturas a la ciudadanía, como lo hizo el PAN nacional este fin de semana, lo que en realidad está reconociendo es que necesita competitividad más allá de sus estructuras tradicionales.
Ese movimiento, cruzado con la intención de Movimiento Ciudadano de consolidarse como fuerza propia, no es menor. Es parte de una reconfiguración más amplia que, en Puebla, ya empieza a tomar forma rumbo a 2027.
En ese contexto, la figura de Blanca Alcalá Ruiz aparece como referencia obligada, pero no como eje único. Representa un perfil con capital político disponible en un momento donde los partidos están obligados a abrirse. Su peso dependerá más de las alianzas que de una estructura propia.
En el PRI —o lo que queda de él o quiza no dentro de él— perfiles como Delfina Pozos Vergara, Lucero Saldaña Pérez e Isabel Merlo Talavera buscan sostener presencia territorial.
Pero el fondo no está sólo en los nombres.
Está en el territorio.
Las declaraciones del gobernador Alejandro Armenta Mier sobre la necesidad de más presidentas municipales deben leerse como una señal clara: la disputa de 2027 se va a jugar en los municipios, y ahí las mujeres serán clave.
Morena ya hace rato que empezó a moverse en esa lógica.
El posicionamiento de Laura Artemisa García Chávez en Desarrollo Social no es un ajuste administrativo. Es una apuesta territorial: programas, estructura y contacto directo con la ciudadanía. Es, en términos políticos, base en construcción.
Por su parte, Celina Peña Guzmán, desde el ámbito federal, representa una pieza distinta: gestión, interlocución y acceso a recursos. En otras palabras, capacidad de traducir poder en beneficios concretos.
Y en una posición propia, Olivia Salomón Vibaldo combina presencia en el estado con proyección nacional, relaciones y cercanía con el poder.
Morena no sólo tiene presencia femenina.
Tiene mujeres ubicadas en puntos estratégicos del poder.
Del lado de la oposición, el escenario es más abierto, pero también más incierto.
En el PAN, Augusta Valentina Díaz de Rivera Hernández tendrá un papel central en la definición de candidaturas bajo este nuevo esquema de apertura. La incógnita es si esa apertura fortalecerá al partido… o profundizará sus tensiones internas.
Y mientras los partidos ajustan sus estrategias, en el terreno comienzan a activarse otros actores menos visibles, pero no menos relevantes: organizaciones civiles, grupos empresariales, colectivos ciudadanos y estructuras intermedias que históricamente han influido en la construcción de candidaturas.
Ahí puede estar una de las claves de esta elección. Porque si los partidos se abren, alguien tendrá que llenar esos espacios.
Y esos espacios no siempre se ocupan desde la militancia, sino desde redes de influencia que operan fuera del radar tradicional.
Por ahora, el tablero está en movimiento.
Habrá que observar en las próximas semanas qué perfiles se consolidan, qué alianzas se tejen y, sobre todo, qué grupos comienzan a empujar candidaturas desde abajo.
Y rumbo a 2027, esa disputa apenas comienza; porque en política, lo que no se ve… muchas veces es lo que decide.





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