ARQUITECTURA DEL PODERLA BONITA: DEL CUADRILÁTERO A LA DISPUTA POR PUEBLA
Por Libya Carrillo
El domingo, mientras revisaba las noticias uniformadas del registro de Gabriela “La Bonita” Sánchez Saavedra, terminé preguntándome si la capacidad de convertir popularidad en capital político, movilizar estructuras y ocupar, antes que los adversarios, el centro de la conversación pública, puede ganar la elección.
El sábado 17 de octubre, la deportista formalizó su registro para encabezar la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación en Puebla capital, colocándose de lleno en la disputa interna de Morena por la presidencia municipal en 2027.
La jornada tuvo todos los elementos de una demostración de lo que llamamos “músculo político”: caminata de distintos contingentes desde El Gallito hasta el Zócalo, consignas, mantas, respaldo político y un discurso que apeló a la cultura del esfuerzo, la honestidad y el tiempo de las mujeres.
Los organizadores calcularon la asistencia en “40 mil personas” —cifra que es casi increíble— pero, apuntan algunos medios, debe entenderse como una estimación de los convocantes, no como un conteo independiente.
Más allá de la dimensión del acto, lo importante es leer sus señales políticas.
La popularidad no es todavía poder electoral.
Sánchez posee un activo que no se improvisa: reconocimiento público, una historia personal de superación y una trayectoria deportiva que le permite conectar con sectores de la población ajenos a los códigos tradicionales de la política.
Su apodo, “La Bonita”, ya es una marca reconocible; su historia como boxeadora le ofrece una narrativa de disciplina, sacrificio y victoria.
En tiempos en que los partidos buscan candidatos capaces de comunicar más allá de sus estructuras, ese capital tiene valor.
La pregunta es si podrá traducirlo en una propuesta de gobierno para una de las ciudades más complejas del estado.
Gobernar Puebla no consiste en ganar un combate ni en reunir una multitud. Supone enfrentar problemas de seguridad, movilidad, servicios públicos, ordenamiento urbano, agua, desarrollo económico y desigualdad territorial.
Ganar Puebla exige conocimiento de la administración municipal, capacidad de negociación y equipos técnicos capaces de convertir promesas en políticas públicas.
La trayectoria deportiva puede explicar una vocación de esfuerzo; no sustituye, por sí misma, la experiencia necesaria para gobernar.
El segundo mensaje del destape está en la estructura que comienza a rodearla.
Días antes del registro, trascendió que integrantes del gabinete estatal se habían sumado a su proyecto político. Entre los nombres mencionados estuvieron Carla López-Malo y José Tomé. El dato importa porque muestra que la aspiración no se desarrolla únicamente desde la popularidad personal de la boxeadora: también empieza a articular apoyos y redes políticas.
Aquí aparece una cuestión central: ¿estamos ante el crecimiento orgánico de un liderazgo o frente a la construcción de una candidatura respaldada por sectores del poder estatal?
Ambas posibilidades pueden coexistir. Sin embargo, la segunda obliga a observar con atención los equilibrios dentro de Morena y la relación entre el gobierno de Alejandro Armenta y la competencia por la capital.
En política, las adhesiones nunca son solamente fotografías. También expresan cálculos, alineamientos y expectativas sobre quién puede convertirse en la próxima figura con capacidad de decisión.
Ahora tendrá que demostrar que su proyecto puede sostenerse más allá de los respaldos que consiga reunir.
La disputa, además, no comienza en terreno vacío.
José Chedraui busca la posibilidad de reelegirse y Alejandro Carvajal también ha expresado su intención de competir. Otros nombres se han incorporado a las conversaciones sobre la definición de Morena.
Por tanto, no se trata de una candidatura resuelta, sino de una competencia en la que el partido deberá determinar quién

reúne las mejores condiciones para representarlo en 2027, de ahí el aparente divorsio entre los proyectos estatal y municipal. Aunque, por otro lado, quizá ya hayan pactado.
La concentración del sábado busca producir una imagen de fuerza antes de que la decisión esté tomada. Es una forma de decirle a la dirigencia que existe capacidad de convocatoria, presencia territorial y una aspiración que no puede ignorarse.
Y, sin embargo, las multitudes tienen una limitación: no revelan por sí solas cómo votará la ciudadanía, ni garantizan el resultado de una encuesta interna.
Hay, finalmente, una paradoja que Morena tendrá que resolver. Si el partido reivindica la participación ciudadana y los mecanismos de selección interna, deberá demostrar que la decisión no depende únicamente del tamaño de una movilización, de las simpatías de un grupo político o de la popularidad de una figura pública.
La encuesta, si ese es el método que finalmente se aplica, tendrá que ser algo más que un procedimiento para legitimar decisiones tomadas de antemano.
Porque una cosa es ganar la atención pública y otra, muy distinta, construir una candidatura competitiva y legítima.
La Bonita ya subió al ring político. Y en la política poblana, como en el boxeo, la entrada espectacular cuenta. Pero el resultado se decide cuando termina el combate.
Y para Puebla capital, el desafío no es encontrar a quien mejor sepa protagonizar la contienda, sino a quien pueda demostrar que está preparada para gobernar.
Por cierto, esto es campaña anticipada. Pero, a quién le importa si incluida Sheimbaum todos han llegado haciendo campaña más de un año antes.
Será que poder también se construye por nocaut.





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